Las cerraduras electromagnéticas están diseñadas para aprovechar la física del electromagnetismo. Una cerradura electromagnética incluye dos partes principales: una placa de acero y una bobina de alambre envuelta en otra placa y colocada dentro de una caja de metal. Cuando una corriente eléctrica pasa a través de la bobina, la placa de acero que la enrolla se magnetiza y atrae fuertemente la segunda placa de acero, cerrando la puerta.


La capacidad de retención de cada bloque se verifica en una prueba de carga colineal. El bloqueo electromagnético se fija al equipo hidráulico y se suministra energía para que atraiga fuertemente la placa. Luego, la prensa hidráulica comienza a tirar de las dos partes tratando de separarlas. Cuando la fuerza de tracción mecánica supera a la fuerza magnética, la fuerza requerida para este efecto es la fuerza del electroimán.


Las cerraduras electromagnéticas están protegidas por una resina sintética (bakelitek) químicamente estable y resistente al calor que les garantiza una larga vida útil. La cerradura en sí es fuerte y robusta, construida en un perfil metálico. Todas las ventajas de las cerraduras electromagnéticas las han hecho muy populares, convirtiéndolas en uno de los tipos de cerraduras eléctricas más instaladas por los ingenieros de seguridad.

Las cerraduras magnéticas utilizan fuerza magnética y, por lo tanto, no requieren un pestillo mecánico para bloquear la puerta. Esto los hace muy adecuados para salidas de emergencia y de incendio. En caso de emergencia, la cerradura electromagnética libera automáticamente las puertas cuando se corta la energía. No más preocupaciones por una puerta que no se abrió debido a una falla mecánica.